
La comunidad de Filandia, Quindío, rechazó masivamente la propuesta de adhesión al Área Metropolitana de Pereira, el nuevo catastro multipropósito que disparó el predial y la ampliación del área suburbana que amenaza las zonas rurales y de protección ambiental
¿Por qué protestaron los habitantes de Filandia contra su alcalde y la adhesión al Área Metropolitana de Pereira?
Cerca de mil personas marcharon en Filandia, Quindío, para rechazar la propuesta del alcalde Duberney Pareja de adherir el municipio al Área Metropolitana de Pereira. Los manifestantes consideran la iniciativa una traición a la unidad del Quindío y advierten que traería afectaciones sociales, económicas y ambientales para la comunidad. La protesta también expresó inconformidad con el catastro multipropósito que incrementó de manera excesiva el impuesto predial en muchos predios, y con la ampliación del área suburbana contemplada en el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial, que permitiría construir en zonas actualmente dedicadas al agro y la protección ambiental.
Filandia es uno de los municipios más visitados del Eje Cafetero: sus calles empedradas, sus miradores y su arquitectura colonial atraen turistas de todo el país y del exterior cada fin de semana. Este sábado, esos mismos turistas fueron testigos de algo inusual: los habitantes del pueblo más tranquilo del Quindío saliendo masivamente a las calles, no para celebrar, sino para decirle no a su propio alcalde.
La propuesta que encendió a Filandia
El detonante de la marcha es la iniciativa del alcalde Duberney Pareja de adherir a Filandia al Área Metropolitana Centro Occidente (AMCO), la figura administrativa que hoy agrupa a Pereira, Dosquebradas y La Virginia en Risaralda. Para el mandatario, el argumento es jurídico. Para sus habitantes, la ecuación es más simple y más amenazante: convertirse en periferia de Pereira implica perder autonomía, identidad y el modelo de vida que ha hecho de Filandia lo que es.
Los manifestantes fueron directos sobre lo que está en juego:
“Este es el comienzo de una serie de acciones que desarrollaremos para impedir que Filandia pierda su autonomía y se transforme en un municipio sin identidad, con sus tierras urbanizadas, con pérdida de gran parte de su territorio rural, y con condiciones de carestía que harán imposible la vida tranquila en los próximos años.”
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La medida también es vista como una fractura en la unidad del Quindío: si Filandia se adhiere a la órbita metropolitana de Pereira, el departamento pierde uno de sus municipios más emblemáticos hacia la influencia de Risaralda, una movida que la comunidad califica sin rodeos como una traición departamental.
El predial que no esperaban y el catastro que lo explica
La marcha tuvo un segundo frente igualmente caliente: el catastro multipropósito y los nuevos avalúos catastrales que, según los filandeños, dispararon el impuesto predial de manera desproporcionada en muchos predios del municipio.
El catastro multipropósito es una política nacional que busca actualizar los avalúos de los inmuebles para acercarlos a su valor de mercado real, con el argumento de que muchos predios en Colombia estaban subvalorados históricamente. El problema es que esa actualización, en municipios como Filandia donde el valor del suelo ha crecido impulsado por el turismo y la demanda de segunda vivienda, se traduce en incrementos del predial que muchos propietarios —especialmente familias campesinas y adultos mayores de ingresos fijos— no pueden asumir.
La amenaza sobre el suelo rural: urbanizar lo que hoy es campo
El tercer eje de la protesta apunta al futuro del territorio: la ampliación del área suburbana contemplada en el proyecto del nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de Filandia. Esta medida permitiría la construcción de edificaciones en zonas que actualmente son utilizadas para el agro o la protección medioambiental, abriendo la puerta a un proceso de urbanización que los habitantes temen que transforme irreversiblemente el paisaje y el carácter rural del municipio.
Para una comunidad que ha construido su identidad —y su economía turística— sobre la autenticidad de su entorno cafetero, ver ese suelo convertido en zona de construcción no es una abstracción: es la pérdida de lo que los hace diferentes.
Un pueblo que avisa que apenas comienza
La marcha no fue solo una expresión de descontento: fue también una jornada de pedagogía ciudadana. Uno de los objetivos explícitos de los organizadores fue informar a los habitantes que aún no conocen los detalles de la posible adhesión metropolitana, para que la discusión no quede reducida a un debate entre el alcalde y un grupo de activistas.
El mensaje final fue claro: esto no es el cierre de una protesta sino la apertura de una campaña. Filandia avisó que viene más. Y lo hizo frente a centenares de turistas que ese sábado no solo vinieron a ver las calles empedradas del Quindío, sino a ser testigos de cómo un pueblo defiende lo que es.




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