
La euforia deportiva desató una madrugada de armas blancas y videos virales en el área metropolitana. Las autoridades reportan cuatro heridos con lesiones severas y múltiples capturados por intolerancia.
¿Por qué hubo disturbios y heridos en Pereira y Dosquebradas tras el partido de Colombia?
Durante la noche del sábado y madrugada del domingo, las celebraciones por el partido de la Selección Colombia contra Portugal derivaron en múltiples riñas en el área metropolitana. La Policía Metropolitana de Pereira atendió actos de intolerancia en sectores como Circunvalar, La Badea, El Dorado y Pueblo Sol, dejando al menos cuatro hombres gravemente heridos —remitidos inicialmente al Hospital Santa Mónica— y varios capturados, obligando a evaluar nuevas medidas de seguridad ciudadana.
El eco de las navajas entre La Badea y la Circunvalar
La violencia no tardó en asomarse a la vía pública. El primer termómetro del descontrol fue la exclusiva zona de la Circunvalar, en Pereira, donde un altercado masivo captó la atención de los transeúntes. Los teléfonos móviles se alzaron para grabar un enfrentamiento que rápidamente saltó de las aceras a las redes sociales, viralizando la brutalidad de una noche que apenas comenzaba.
Pero el pico de mayor gravedad se registró cruzando el viaducto. Hacia las 2:40 de la madrugada, las sombras del sector de La Badea, en el municipio industrial de Dosquebradas, fueron escenario de una violenta gresca.
Según las primeras indagaciones, una chispa de intolerancia, presuntamente encendida por un seguidor del Deportivo Pereira, desencadenó un ataque múltiple. Cuatro hombres cayeron al asfalto tras recibir múltiples embates con armas cortopunzantes. El saldo de esta confrontación obligó a un despliegue de emergencia inmediata para salvar sus vidas.
“Las víctimas sufrieron lesiones, entre ellas heridas en el tórax, cuello y brazo, además de una perforación pulmonar en uno de los afectados. Todos fueron trasladados inicialmente al Hospital Santa Mónica y posteriormente remitidos a otros centros asistenciales debido a la gravedad de sus lesiones”, confirmó el coronel Óscar Ochoa, comandante de la Policía Metropolitana de Pereira.
Duelos a sangre fría en los barrios populares
Mientras los médicos luchaban por estabilizar a los heridos de La Badea, las patrullas de los cuadrantes no daban abasto en el resto del área metropolitana. La furia parecía haberse contagiado por distintas comunas, revelando que el problema iba mucho más allá de un simple cruce de palabras entre fanáticos.
En el barrio El Dorado, occidente de Pereira, la rápida reacción de los uniformados evitó una tragedia mayor. Un joven de apenas 20 años fue sorprendido y capturado en flagrancia justo en el momento en que intentaba agredir con un cuchillo a otro ciudadano en plena vía pública.
La escalada violenta sumó un nuevo capítulo en el barrio Pueblo Sol, de Dosquebradas. Allí, la lógica del diálogo fue reemplazada por un combate cuerpo a cuerpo. Dos hombres maduros, de 34 y 39 años, terminaron esposados y a disposición de la Fiscalía luego de enfrentarse mutuamente a cuchilladas, en un hecho que dejó perplejos a los vecinos del sector.
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El reto de frenar la violencia después del pitazo final
Frente a la radiografía de una madrugada manchada por la violencia, los comandos institucionales evalúan endurecer sus estrategias de control. La Policía Metropolitana hizo un llamado urgente a desescalar los conflictos, recordando que un minuto de ira irracional suele pagarse con años de cárcel o, en el peor de los casos, en una sala de velación.
El desgaste de los recursos de emergencia por riñas que podrían evitarse con simple sentido común sigue siendo un obstáculo para la seguridad de la región. Las autoridades insisten en que la denuncia oportuna de los vecinos es la única herramienta efectiva para anticiparse a los golpes antes de que se conviertan en homicidios.
La resaca que dejó este fin de semana en el Eje Cafetero no es de celebración, sino de alerta. Mientras cuatro familias esperan partes médicos en los pabellones de urgencias, queda sobre la mesa el desafío de entender por qué, para algunos ciudadanos, la pasión por una camiseta sigue siendo la excusa perfecta para desatar su propia guerra en las calles.




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