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“No damos más abasto”: el desesperado SOS de Dosquebradas al Gobierno tras el terremoto que dejó 2.000 casas en ruinas

El alcalde Roberto Jiménez advierte que la capacidad financiera del municipio colapsó. Con 16.000 damnificados y 50 colegios averiados en la ciudad industrial de Risaralda, exige ayuda urgente de la Casa de Nariño para evitar una crisis social.

¿Qué está pidiendo el alcalde de Dosquebradas al Gobierno Nacional por el terremoto?

El alcalde de Dosquebradas, Roberto Jiménez Naranjo, solicitó un auxilio financiero y logístico urgente al Gobierno Nacional tras el devastador terremoto del 10 de agosto. El municipio de Risaralda superó su capacidad económica al registrar más de 16.000 damnificados, 10.000 viviendas averiadas y 2.000 casas destruidas, por lo que requiere maquinaria pesada, subsidios e intervención estatal directa para sostener la atención humanitaria y la posterior reconstrucción.

La trampa de ser demasiado organizados

El impacto del movimiento telúrico golpeó el corazón del cuarto municipio más importante del Eje Cafetero, pero la catástrofe parece estar envuelta en un peligroso velo de invisibilidad institucional. Durante más de una semana, la administración local desplegó una maquinaria logística de manera eficiente: evaluó edificios, montó albergues y georreferenció la tragedia cuadra por cuadra.

Sin embargo, mantener el control del caos no significa tener la chequera para solucionarlo. La disciplina de los equipos locales de socorro ha evitado un estallido social, pero paradójicamente, esa misma resiliencia ha provocado que desde Bogotá no se dimensione la verdadera fractura que sufre hoy el territorio.

“Tal vez porque hemos sido organizados no se alcanza a ver desde afuera lo que realmente estamos viviendo. Hemos hecho un esfuerzo enorme para que nuestra gente esté atendida, pero eso no significa que tengamos todo lo necesario. Dosquebradas también necesita ayuda y necesitamos que las instituciones nacionales estén aquí”, sentenció el alcalde Roberto Jiménez.

Una avalancha de cifras bajo los ladrillos

La radiografía del desastre en una ciudad que alberga a más de 300 mil habitantes corta la respiración. Detrás del estoicismo de sus habitantes, hay una economía de a pie que quedó sepultada. Cerca de 16.000 personas pasaron de la tranquilidad de su rutina a engrosar la cruda estadística de damnificados.

El censo de infraestructura dibuja un panorama de posguerra. Los peritos ya contabilizan más de 10.000 viviendas con daños severos y al menos 2.000 casas que hoy son pérdida total, reducidas a montañas de ladrillo y varillas retorcidas. A este drama habitacional se suman 50 sedes educativas inhabilitadas, dejando el futuro académico de miles de jóvenes en el aire.

La pesadilla estadística está lejos de terminar. Los equipos de evaluación apenas comienzan a adentrarse en las zonas rurales y los barrios más periféricos, donde cada puerta que tocan revela una nueva fractura. La dimensión de la tragedia es un monstruo que sigue creciendo todos los días.

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El grito de auxilio a la Casa de Nariño

Frente a la inminente asfixia financiera, el alcalde Jiménez decidió cambiar el tono diplomático por un urgente llamado a la empatía estatal. Ver cómo los recursos fluyen hacia otras latitudes mientras su municipio vacía sus arcas ha generado una justificada frustración en la administración local.

“Necesitamos que el Gobierno Nacional mire a Dosquebradas y venga. Hemos hecho todo lo que está en nuestras manos […] Me alegra que otros municipios estén recibiendo apoyo, pero Dosquebradas no puede seguir siendo invisible. Necesitamos una respuesta proporcional a lo que estamos viviendo”, clamó el mandatario local.

La preocupación del burgomaestre tiene nombre y apellido en los más de 300 refugiados que hoy duermen en albergues temporales. Son adultos mayores, trabajadores del día a día y familias que jamás habían pisado una fila de ayudas humanitarias, pero que hoy dependen de un plato de comida caliente servido por el municipio.

La lista para la supervivencia ciudadana

Mientras la burocracia nacional decide aterrizar en el territorio, la maquinaria amarilla y los voluntarios siguen peleando contra el tiempo. La limpieza de vías y el derribo de estructuras inestables se hacen a pulso, pero la gasolina de la solidaridad comienza a agotarse.

Para evitar un colapso inminente, el Puesto de Mando Unificado emitió un listado técnico y humanitario de carácter vital que requiere suministro inmediato por parte de los ministerios:

  • Maquinaria pesada: Retroexcavadoras de llantas y minicargadores para la remoción masiva de escombros.
  • Refugio: Carpas tipo camping, colchonetas y frazadas para aislar el frío nocturno.
  • Alimentación: Mercados no perecederos y dotación para cocinas comunitarias.
  • Población vulnerable: Kits de aseo, suministros para bebés de cero a cuatro años y alimento para mascotas abandonadas o rescatadas.

CiudadRegion Noticias

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