
La estructura militar instalada en la vereda La Rochela costó más de $1.200 millones y fue entregada en mayo. Sin embargo, la furiosa socavación del talud tiene en vilo a miles de campesinos que temen volver a quedar incomunicados.
¿Por qué está en riesgo de colapso el nuevo puente de la vereda La Rochela en Calarcá?
El puente militar sobre la quebrada La Sonadora, ubicado en el municipio de Calarcá (Quindío), corre un grave riesgo de colapsar debido a que las recientes crecientes del río Santo Domingo están socavando el talud donde se ancló la obra. La estructura, que beneficia a 2.000 campesinos de cinco veredas, tuvo una inversión conjunta superior a los $1.200 millones y fue inaugurada por la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo (UNGRD) apenas el pasado 18 de mayo de 2026.
El sonido del agua golpeando la tierra ya no trae alivio, sino miedo a los habitantes de la vereda La Rochela. Quienes se asoman a la orilla observan con incredulidad cómo la fuerza de la corriente está arrastrando grandes pedazos de tierra, justo debajo de la reluciente estructura metálica que llevaban más de mil días esperando. La alegría por volver a cruzar hacia sus fincas sin miedo duró apenas unas semanas; hoy, el gigante de hierro recién instalado parece tener los pies de barro.
Tres años de espera y una inauguración agridulce
Para entender la profunda angustia de los lugareños, hay que retroceder tres largos años. Ese fue el tiempo exacto que cinco veredas y cerca de dos mil campesinos tuvieron que soportar el aislamiento y las peripecias diarias para conectar sus cultivos con el casco urbano de Calarcá, luego de que la vieja estructura cediera ante los embates de la naturaleza.
La solución definitiva parecía haber aterrizado en el territorio a mediados del mes pasado. Con gran expectativa ciudadana, el director nacional de la UNGRD, Carlos Carrillo, llegó a la zona el 18 de mayo para entregar oficialmente un puente militar diseñado para devolverle la dignidad y la competitividad comercial al sector agrícola quindiano.
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Una millonaria inversión que pende de un hilo
El ensamblaje de esta ruta vital sobre la quebrada La Sonadora no fue económico. La sumatoria de esfuerzos institucionales reflejó una importante inyección de capital público, dinero que hoy se encuentra, literalmente, al borde del abismo por la falta de previsión fluvial.
El Gobierno Nacional asumió el rubro mayoritario, aportando la superestructura valorada en $1.000 millones. A su vez, la Gobernación del Quindío destinó $250 millones para la vital cimentación de los pilotes, mientras que la Alcaldía de Calarcá inyectó cerca de $45 millones en insumos, gasolina y aceites para la maquinaria. Sin embargo, los anclajes de ingeniería parecen haber subestimado la fiereza del cauce.
Las fuertes lluvias recientes han provocado que el río Santo Domingo devore de manera agresiva el talud de tierra que sostiene las bases del puente. Las fotografías y denuncias compartidas por los propios vecinos son contundentes: el agua está socavando la cimentación a un ritmo que amenaza con llevarse la obra al fondo del precipicio en el corto plazo.
El plan de salvamento institucional
Frente a la alerta comunitaria que encendió las alarmas en todo el departamento, las autoridades reconocieron la inminencia de la amenaza. Desde la administración departamental se confirmó que la falla fluvial que compromete la estabilidad de los trabajos está en la lupa de los ingenieros.
“Efectivamente este problema ya está detectado y se iniciaron los estudios para darle solución. Inicialmente se piensa en hacer un desvío del cauce del río, para que la corriente no pegue contra el talud”, explicó Lina Marcela Roldán, gerente de la empresa Proyecta de la Gobernación del Quindío.
La funcionaria agregó que, de manera paralela a la modificación del cauce, la intervención requerirá ejecutar un reforzamiento estructural robusto sobre el talud afectado para blindar definitivamente los pilotes y evitar la caída del puente.
En las faldas de la cordillera, sin embargo, los tiempos de los estudios técnicos suelen moverse más lento que las aguas desbordadas. La comunidad de La Rochela exige celeridad absoluta, advirtiendo que la temporada de lluvias y las inminentes crecidas no saben de cronogramas administrativos ni de firmas de contratos.




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