
A nueve días del sismo, el alcalde Alejandro Eder confirma que más de 100 estructuras ya colapsaron. Mientras la ciudad atiende a 10.000 familias damnificadas, los rescatistas agotan la esperanza por hallar a nueve desaparecidos.
¿Cuántos edificios serán demolidos en Cali por el terremoto y cuántas personas siguen desaparecidas?
A nueve días del sismo, las autoridades evalúan demoler entre 200 y 250 edificaciones en Cali de un total de 700 inmuebles en riesgo. El alcalde Alejandro Eder confirmó que 107 estructuras ya colapsaron total o parcialmente en el Valle del Cauca. Mientras tanto, los organismos de socorro continúan la búsqueda de nueve personas atrapadas bajo los escombros, y más de 10.000 familias han sido registradas en el censo oficial de damnificados.
El implacable diagnóstico
Las calles de los barrios más tradicionales de Cali parecen hoy un tablero de ajedrez donde el riesgo dicta el próximo movimiento. Cuadrillas de ingenieros caminan con planillas en mano, tachando direcciones y fachadas que no logran superar las estrictas pruebas de sismorresistencia tras el violento impacto telúrico.
El balance estructural no da tregua. De cerca de 700 inmuebles clasificados preliminarmente en zona de peligro inminente, los peritos calculan que entre 200 y 250 edificaciones tendrán que ser reducidas a escombros de manera controlada. Es una cirugía urbana dolorosa, pero estrictamente necesaria para salvaguardar a los transeúntes.
Esta barrida preventiva responde a un deterioro innegable. El alcalde Alejandro Eder puso sobre la mesa la crudeza de los números, confirmando que la destrucción ya cobró una cuota alta sin necesidad de usar maquinaria amarilla. Al menos 107 estructuras cedieron por cuenta propia, presentando un colapso total o parcial a lo largo y ancho de la capital del Valle.
Un milagro improbable en la oscuridad
Mientras los peritos deciden el destino de la infraestructura, en otra zona de la ciudad se libra una batalla feroz contra el reloj y la asfixia. Equipos de socorro, cubiertos de polvo y agotamiento extremo, remueven pesadas placas de concreto buscando un suspiro, un golpe metálico, cualquier señal de las nueve personas que la tierra se tragó y aún no devuelve.
La paradoja del rescate es que, a nueve días de la emergencia, la lógica médica choca de frente con la inagotable tenacidad humana. Sobrevivir bajo toneladas de escombros, sin acceso a agua ni luz, parece desafiar todas las leyes de la biología y la resistencia física.
“Las posibilidades de encontrarlas con vida son altamente improbables”, reconoció el mandatario local, con la pesadumbre propia de quien debe administrar la realidad en medio de la crisis.
Sin embargo, las picas, las palas y los perros rescatistas no se detienen. La historia mundial de los desastres ha documentado sobrevivientes hallados más de una semana después de un colapso. A esa mínima, casi invisible estadística, se aferran hoy las nueve familias que aguardan del otro lado del cordón de seguridad, negándose a aceptar el luto.
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Aulas fracturadas y el futuro escolar en pausa
El sismo no solo dejó a los adultos sin techo; también le arrebató el refugio académico a miles de jóvenes. La radiografía de la infraestructura educativa expone una herida profunda que tardará mucho tiempo en sanar, comprometiendo gravemente el desarrollo normal del calendario escolar de la región.
De las 338 sedes escolares oficiales que operan en Cali, la abrumadora cifra de 260 recintos acusa algún nivel de agrietamiento o daño estructural. El diagnóstico técnico determinó que 18 de estas escuelas están completamente inhabitables, convertidas en trampas de ladrillo para cualquier menor que intente cruzar sus puertas.
A este desalentador panorama se suman más de 100 colegios catalogados en condición grave. Repararlos exigirá una inyección presupuestal millonaria y un despliegue logístico que hoy la administración intenta descifrar mientras los estudiantes permanecen en la incertidumbre.
La dimensión humana de un censo que crece
Más allá de las paredes fisuradas y los techos caídos, el saldo de la emergencia tiene rostro humano y de desesperación. La logística institucional avanza a toda marcha en el registro de sobrevivientes, tratando de dimensionar la fractura social y económica que dejó el remezón de la tierra.
Hasta la fecha, más de 10.000 familias han ingresado a las listas oficiales del censo de damnificados. Son núcleos enteros que perdieron sus enseres, su patrimonio comercial o que duermen a la intemperie por el temor latente a que el techo de su vivienda termine por ceder.




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