
Mientras algunos comerciantes reabren valientemente ante la falta de clientes, decenas de calles siguen paralizadas por el riesgo de colapso. La Alcaldía debe pedir y esperar el permiso predio a predio para poder intervenir.
¿Por qué hay calles cerradas y comercios afectados en el Centro de Manizales?
Las restricciones peatonales y vehiculares en el Centro Histórico de Manizales, Caldas, se deben al inminente riesgo de desprendimiento de aleros y fachadas averiadas por el reciente sismo. La Secretaría de Infraestructura avanza bloqueando vías críticas como la carrera 22 e intentando contactar a los dueños de los predios para obtener la autorización legal de demolición, un trámite obligatorio que mantiene estancada la reactivación comercial del sector.
Una economía asfixiada por la gravedad
El corazón de la capital caldense respira hoy con dificultad, atrapado en una cruda paradoja de supervivencia. Por un lado, resalta la tenacidad de los comerciantes que levantan sus persianas metálicas desafiando la crisis; por el otro, pesa el concreto fracturado de las edificaciones históricas que amenaza con caer desde las alturas.
La dinámica comercial local quedó condicionada por el riesgo. En las cuadras donde la amenaza de colapso es inminente, el paso para peatones, motocicletas y vehículos está estrictamente prohibido. Esto ha generado un efecto dominó que asfixia a la región.
Un andén cerrado no es solo un problema de movilidad. Para el establecimiento que tuvo la mala fortuna de quedar detrás del acordonamiento, significa la imposibilidad de recibir trabajadores y la sentencia de tener cero ventas, congelando su capacidad de subsistencia.
La burocracia detrás de la demolición
Recuperar la normalidad del sector no depende únicamente de las buenas intenciones institucionales. Claudia Marcela Cardona Mejía, secretaria de Infraestructura de Manizales, recorre diariamente la zona cero con una misión urgente que choca de frente contra los rígidos trámites legales de la propiedad privada.
El método de la funcionaria expone el laberinto administrativo de la tragedia. Teléfono en mano, camina predio por predio buscando contactar a los dueños de las edificaciones patrimoniales que hoy representan un peligro mortal para los transeúntes.
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El objetivo es obtener una autorización expresa. Sin el “sí” oficial de los propietarios, la Administración municipal tiene las manos atadas jurídicamente y no puede enviar a sus cuadrillas a desmontar los pesados aleros que mantienen bloqueadas manzanas enteras.
Éxodo informal y el salvavidas del Parque Caldas
La onda expansiva de esta parálisis golpeó con especial fuerza a quienes viven del día a día. El comercio informal, el eslabón más vulnerable de la economía urbana, tuvo que ceder su territorio tradicional por cuestiones de estricta seguridad pública.
Las autoridades ordenaron la evacuación y reubicación temporal de decenas de vendedores que históricamente ocupaban el espacio público sobre la carrera 23, específicamente a la altura de las calles 27 y 28.
Buscando no ahogar sus escasos ingresos diarios, este grupo fue trasladado unas cuadras más arriba. Ahora intentan rasguñar algunas ventas en los alrededores de la calle 29, cerca del emblemático Parque Caldas, y sobre la calle 30, donde el riesgo estructural disminuye y el tráfico peatonal les da un respiro.




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