
Yulian Correa y Jesús Acevedo, contratados para proteger al turista de 64 años durante su estadía en el Eje Cafetero, entregaron versiones falsas para encubrir su rastro. El CTI los capturó tras encontrar un arsenal en allanamientos realizados en Pereira y Dosquebradas.
¿Qué pasó con los capturados por la desaparición del empresario bogotano en Pereira?
Un juez envió a prisión a Yulian Eliseo Correa de los Ríos y Jesús Arlex Acevedo Arango, señalados de participar en la desaparición forzada de un empresario de 64 años originario de Bogotá. Los hombres, contratados como escoltas, fueron las últimas personas vistas con la víctima el 9 de febrero de 2025 rumbo a La Virginia, Risaralda. Tras allanamientos del CTI y la Policía Nacional en Pereira y Dosquebradas, enfrentan cargos por desaparición forzada agravada y falso testimonio.
Las maletas quedaron a medio desempacar en la habitación del hotel. Lo que prometía ser una tranquila temporada de descanso en el Eje Cafetero para un visitante capitalino, se transformó rápidamente en un enigma judicial que hoy estremece a la región. Él solo buscaba tranquilidad lejos de su ciudad; por eso pagó un esquema de seguridad privada. Sin embargo, la paradoja de este caso resulta macabra: quienes debían garantizar su vida fueron, según las autoridades, los últimos en ver su rostro antes de que se lo tragara la tierra.
Un escudo de protección que se convirtió en trampa
La cronología oficial marca el inicio de esta pesadilla el 9 de febrero de 2025. El empresario aterrizó en la capital de Risaralda con la intención de disfrutar unos días de reposo. Para blindar sus movimientos en un territorio ajeno, depositó su confianza y su dinero en Yulian Eliseo Correa de los Ríos y Jesús Arlex Acevedo Arango.
Su misión en el papel era clara y profesional: actuar como un cerco de seguridad inquebrantable durante sus recorridos turísticos por el departamento.
Todo parecía marchar con absoluta normalidad. El grupo llegó a un hotel en Pereira, acomodaron parte de las pertenencias del turista en la habitación y emprendieron un viaje corto hacia el caluroso municipio de La Virginia. Desde el momento en que el vehículo tomó esa ruta, el rastro del empresario bogotano se borró por completo del mapa.
El rastro telefónico que desmoronó las mentiras
Con el paso de las horas y el silencio absoluto del hombre de 64 años, las alertas de búsqueda se encendieron. Los investigadores del CTI apuntaron inmediatamente sus reflectores hacia las dos únicas personas que compartieron ese último trayecto vehicular.
Al ser interrogados de manera preliminar, Correa y Acevedo intentaron construir un muro de excusas que los alejara del epicentro del crimen. Aseguraron bajo juramento no haber estado en la zona de los hechos durante la ventana de tiempo en la que su cliente se esfumó sin dejar rastro.
Pero en la era digital, el silencio de los dispositivos móviles suele hablar más fuerte que las palabras. Las antenas de comunicación celular de la zona comenzaron a contar una historia radicalmente distinta a la que los presuntos escoltas relataron en los despachos judiciales.
“Negó usted, Yulian Eliseo, haber estado en La Virginia ese día de los hechos, horas antes, y la Telefonía de la Prueba Técnica acredita su presencia ese mismo día entre las 14.10 horas y las 17.48 horas en el sector donde desapareció también la víctima”.
Esa fue la contundente recriminación del fiscal especializado durante la audiencia de imputación. Este detalle técnico derrumbó por completo la coartada inicial de los procesados, acorralándolos contra sus propias mentiras.
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Un arsenal oculto entre Pereira y Dosquebradas
Con las pruebas técnicas desmintiendo los testimonios iniciales, la Fiscalía General de la Nación y la Policía Nacional desplegaron un operativo simultáneo. Los allanamientos se ejecutaron de manera sorpresiva y coordinada en diferentes inmuebles ubicados en Pereira y el municipio industrial de Dosquebradas.
Los agentes no solo iban tras la captura de los sospechosos, sino en busca de evidencias materiales que ayudaran a armar el doloroso rompecabezas. Lo que hallaron escondido en las viviendas elevó significativamente el nivel de peligrosidad del caso.
Durante las minuciosas inspecciones, las autoridades incautaron un arsenal que no pasó desapercibido: cinco pistolas, una escopeta y dos pares de esposas. Estos elementos, propios de operaciones de sometimiento, quedaron incautados y bajo estricta cadena de custodia para su análisis balístico.
El peso de la ley y una incógnita que persiste
Sentados frente al estrado, los dos hombres escucharon cómo la justicia estrechaba el cerco a su alrededor. Un fiscal de la Seccional Risaralda les imputó formalmente los delitos de desaparición forzada agravada y falso testimonio.
A pesar de la contundencia de las pruebas telefónicas y el hallazgo del armamento en sus propiedades, ninguno de los dos procesados aceptó los cargos. Sin embargo, para el juez de control de garantías, los indicios recolectados fueron abrumadores y suficientes.
La orden judicial fue inmediata e inapelable: medida de aseguramiento privativa de la libertad en un establecimiento carcelario. Correa y Acevedo deberán enfrentar el avance del proceso judicial desde una celda, perdiendo la libertad que presuntamente le arrebataron a su protegido.




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