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Alerta en los cafetales: el calor extremo amenaza el 70 % de la cosecha y el sustento de 20 mil familias en Risaralda

Los productores advierten que las altas temperaturas proyectadas entre julio y noviembre podrían secar los cultivos y generar millonarias pérdidas, en medio de la preocupante falta de un plan de contingencia del Gobierno Nacional.

¿Por qué los caficultores de Risaralda están en alerta por el clima?

Cerca de 20 mil familias productoras en Risaralda temen perder la cosecha principal de café, que representa el 70 % de la producción anual del departamento, debido a los pronósticos de una prolongada ola de calor entre julio y noviembre. El líder gremial Duberney Galvis advirtió que las altas temperaturas causarían la deshidratación de los árboles y la pérdida del grano, agravando la crisis económica del sector ante la ausencia de estrategias preventivas por parte del Gobierno Nacional.

El sol de las últimas semanas ha dejado de ser un aliado en las empinadas laderas de Risaralda. Al caminar por los surcos, el crujir de la tierra seca bajo las botas y el marchitamiento prematuro de algunas hojas anuncian una amenaza silenciosa que le roba el sueño a los agricultores. Las miradas en el campo apuntan al cielo con recelo, sabiendo que si las nubes no aparecen pronto, el esfuerzo económico y físico de todo un año podría evaporarse bajo un calor implacable.

El peso de una cosecha en peligro

El temor no es infundado. Los pronósticos meteorológicos asoman la sombra de un incremento sostenido de las temperaturas justo en el peor momento posible: la franja climática que se extiende desde julio hasta noviembre. Este periodo no es un lapso cualquiera en el calendario agrícola, pues concentra la recolección de la cosecha principal del departamento.

Esa crucial ventana de recolección representa, en términos de volumen económico, cerca del 70 % de la producción anual cafetera. El riesgo de una alteración climática severa ha puesto en jaque la estabilidad financiera de aproximadamente 20 mil familias rurales que dependen exclusivamente de la venta del grano para sostener sus hogares.

Radiografía de un cultivo deshidratado

Un periodo prolongado de altas temperaturas no solo marchita el paisaje, sino que altera violentamente el ciclo biológico de la planta. Los productores ya proyectan un escenario donde los suelos pierden aceleradamente su humedad, arrastrando a los arbustos a un estado de estrés hídrico de difícil recuperación.

“Entre los efectos previstos están el menor llenado del grano, la caída de hojas y la pérdida de humedad en los suelos, lo que aumenta la deshidratación de los árboles y afecta directamente la productividad”, detalló Duberney Galvis, líder cafetero del departamento.

Esta cadena de afectaciones biológicas golpea sin piedad el bolsillo campesino. Un grano que no logra su llenado adecuado es un producto liviano y de menor calidad, lo que reduce drásticamente el precio de compra en las cooperativas y aniquila el margen de ganancia en la báscula.

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Un bolsillo agrícola al límite de sus fuerzas

El impacto amenaza con ser devastador, especialmente en aquellas zonas periféricas de Risaralda donde la infraestructura hídrica es precaria y el acceso al agua es estructuralmente limitado. Sin lluvias constantes, la única alternativa de supervivencia es la adaptación forzada y costosa.

Algunos agricultores advierten que se verán obligados a asumir incrementos sustanciales en sus costos de producción. Implementar sistemas de riego de contingencia o buscar acciones adicionales para intentar retener la poca humedad de la tierra representa una carga financiera que muchos pequeños productores simplemente no pueden costear en la actualidad.

El reclamo por un escudo institucional

El desespero en el campo choca de frente con lo que los líderes gremiales califican como una desconcertante pasividad estatal. La incertidumbre crece día a día al observar que, mientras los termómetros amenazan con dispararse en las fincas, los planes de salvamento y mitigación brillan por su ausencia en los escritorios oficiales.

“Actualmente no conocemos medidas concretas para enfrentar un posible escenario adverso. El Gobierno Nacional no ha presentado estrategias suficientes y los llamados preventivos locales resultan insuficientes frente a la magnitud del riesgo que enfrenta la actividad”, sentenció Galvis con evidente preocupación.

Las próximas semanas serán el verdadero juez de esta temporada agrícola.

CiudadRegion Noticias

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