
Con una inversión que supera los $29 mil millones, la Gobernación del Quindío inició la demolición de la antigua sede del Sagrado Corazón de Jesús. Mientras avanza la obra proyectada para 2027, la atención médica de urgencia funcionará de manera temporal en el coliseo municipal.
¿Cuándo estará listo el nuevo hospital de Quimbaya y cuánto cuesta la obra?
La construcción del nuevo Hospital Sagrado Corazón de Jesús en Quimbaya, Quindío, cuenta con una inversión departamental superior a los $29 mil millones y será ejecutada por la empresa Proyecta. Tras el inicio oficial de la demolición de la antigua infraestructura, el cronograma de obra establece que la nueva y moderna edificación médica sea entregada a los ciudadanos al finalizar el año 2027.
El estruendo que derribó cuatro décadas de promesas
Caminar por los pasillos del antiguo recinto era un recordatorio constante de las urgencias de un sistema local de salud que pedía a gritos una modernización absoluta. La fachada desgastada, testigo silencioso de incontables emergencias médicas familiares, finalmente cedió su lugar a la maquinaria pesada en un acto simbólico que congregó a diputados, veedores ciudadanos y decenas de habitantes que miraban la escena con evidente incredulidad.
Al mando de la maniobra inaugural estuvo el propio gobernador del Quindío, Juan Miguel Galvis Bedoya. En un hecho sin precedentes para la localidad, el mandatario decidió subirse a la cabina de la máquina operaria para dar personalmente el primer golpe estructural a la antigua edificación.
«Por más de cuatro décadas los habitantes de Quimbaya esperaron este momento y hoy es una realidad», reconoció el mandatario departamental frente a la comunidad que presenciaba la demolición.
Un traslado temporal: del deporte a la sala de urgencias
Derrumbar un centro médico en pleno funcionamiento exige una logística ciudadana tan compleja como su misma reconstrucción. La imperiosa necesidad de no interrumpir la atención de los pacientes obligó a las autoridades locales a tomar una decisión inédita y pragmática: transformar el epicentro deportivo del municipio en un gran pabellón de sanidad temporal.
Hoy, el coliseo municipal de Quimbaya ya no alberga balones rebotando ni graderías llenas de hinchas. El amplio recinto techado fue sometido a rápidas pero rigurosas adecuaciones de emergencia para alojar camillas, equipos de triaje, consultorios provisionales y personal especializado. Esta medida transitoria garantiza que el servicio de salud no se detenga ni un solo minuto mientras las obras civiles toman forma desde los cimientos en el lote original.
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La millonaria apuesta por la dignidad en el Eje Cafetero
Levantar la nueva sede del Hospital Sagrado Corazón de Jesús requerirá mucho más que un trabajo arquitectónico. El ambicioso proyecto, que fue encomendado a la empresa ejecutora Proyecta, cuenta con un fuerte apalancamiento financiero que asciende a más de $29 mil millones, una inyección de capital histórica para la infraestructura pública del occidente quindiano.
El objetivo central de la Gobernación es transformar un espacio obsoleto en una edificación robusta que responda verdaderamente a las complejidades médicas de la actualidad, evitando que los habitantes tengan que trasladarse hasta Armenia para recibir atención primaria digna.
«Este proyecto marca un antes y un después en el municipio, y responde a una necesidad sentida por los quimbayunos, solucionando problemáticas que durante años afectaron su atención médica», explicó Galvis Bedoya durante la jornada.
«Hoy le cumplimos a Quimbaya. Este hospital no solo es una infraestructura, es una apuesta por la dignidad, la vida y el futuro de nuestra gente», concluyó el funcionario, consolidando su discurso sobre el fortalecimiento de la red pública.
El polvo grueso de la demolición terminará de asentarse en los próximos días, pero el verdadero desafío administrativo y social apenas comienza. Con la meta inamovible de finalizar la megaobra para el cierre del año 2027, el municipio deberá aprender a convivir con un sistema de salud que opera desde un coliseo, confiando plenamente en que el sonido ensordecedor de las taladradoras y el constante ir y venir de las volquetas sea el precio justo para tener, por fin, un hospital donde buscar la cura no sea un padecimiento adicional.




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