
Autoridades investigan si la reciente escalada de violencia está ligada a golpes recientes contra el entorno de alias “Iván Mordisco”.
Lo que ocurre en el suroccidente de Colombia dejó de ser una secuencia aislada de ataques. En menos de una semana, al menos 31 atentados han sido atribuidos a estructuras armadas ilegales, en una ofensiva que mantiene bajo presión a regiones como Cauca, Valle del Cauca y Nariño.
Según reportes de inteligencia, detrás de esta arremetida estaría la estructura conocida como Estado Mayor Central (EMC), liderada por Néstor Gregorio Vera Fernández, uno de los principales jefes de las disidencias de las Farc.
Una ofensiva que cambia de patrón
Las autoridades advierten que los ataques recientes evidencian un cambio en la forma de operar. Ya no se trata únicamente de acciones contra la Fuerza Pública, sino de hechos que han impactado directamente a la población civil y a corredores estratégicos.
De acuerdo con información oficial, las disidencias han utilizado drones adaptados para lanzar explosivos, además de bloqueos viales, quema de vehículos y hostigamientos en zonas urbanas y rurales.
Uno de los episodios más graves ocurrió en la vía Panamericana, en jurisdicción de Cajibío, donde una explosión afectó a vehículos que transitaban por el sector, dejando víctimas fatales y varios heridos.
La hipótesis detrás de la escalada
Aunque las investigaciones siguen en curso, organismos de seguridad manejan varias hipótesis sobre el origen de esta ola violenta. Una de ellas apunta a una posible retaliación tras recientes operaciones militares que han golpeado el entorno cercano de alias “Iván Mordisco”.
Entre esos hechos se menciona un bombardeo realizado el pasado 26 de marzo en zona rural de Vaupés, donde habría muerto alias “Lorena”, una persona cercana al jefe guerrillero. Sin embargo, las autoridades no han emitido una conclusión definitiva sobre la relación directa entre ese operativo y la ofensiva actual.
A esto se suman capturas de presuntos colaboradores y familiares del cabecilla en meses recientes, lo que habría debilitado su estructura logística.
Un territorio clave en la disputa
El suroccidente del país concentra factores estratégicos que explican la intensidad del conflicto. Zonas como el cañón del Micay y la cuenca del río Naya son consideradas rutas clave para economías ilegales, especialmente el narcotráfico y la minería ilícita.
Estas dinámicas han convertido la región en un punto de alta confrontación entre grupos armados y la Fuerza Pública.
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El llamado del Gobierno
Frente a la situación, el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, insistió en la necesidad de fortalecer la colaboración ciudadana para prevenir nuevos ataques.
“El llamado es a que la gente nos ayude. La violencia radica en las economías ilegales; el narcotráfico y la minería son el motor de estos ataques”, señaló el jefe de la cartera.
El funcionario también advirtió que, en algunos casos, la falta de información oportuna ha dificultado la reacción de las autoridades frente a hechos violentos.
Un escenario aún abierto
Mientras continúan las operaciones militares y las investigaciones judiciales, la población en varias zonas del suroccidente permanece en alerta.
El incremento de ataques y el uso de nuevas tácticas mantienen abierta la preocupación sobre la evolución del conflicto, en un contexto donde la línea entre objetivos militares y civiles parece cada vez más difusa.




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