
Mientras Pereira, Cali y Quibdó enfrentan el rastro de la devastación con miles de desaparecidos, la ciencia explica por qué la letal sacudida del 10 de agosto fue tan larga y se sintió diferente dependiendo del suelo y la cercanía al Chocó.
¿Cuánto duró el terremoto en Colombia y por qué se sintió diferente en cada ciudad?
El terremoto registrado en Colombia este lunes 10 de agosto, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, tuvo una duración instrumental de entre 90 segundos y dos minutos. Sin embargo, la percepción humana varió drásticamente en ciudades afectadas como Pereira, Cali, Quibdó y Manizales debido a la distancia al hipocentro, la altura de las edificaciones y el tipo de suelo. La emergencia deja hasta el momento más de 170 muertos, 900 heridos y más de 2.000 desaparecidos.
El implacable conteo bajo los escombros
La sacudida que aterrorizó gran parte del país este lunes 10 de agosto no solo dejó una profunda huella psicológica, sino también un rastro de muerte y devastación masiva. Con su epicentro fijado en San José del Palmar, en el departamento del Chocó, la onda expansiva golpeó sin piedad al Eje Cafetero y al Valle del Cauca, arrasando todo a su paso.
El panorama en las calles es un testimonio de la crudeza geológica. Las autoridades confirman que el saldo mortal asciende a más de 170 personas fallecidas, mientras que los colapsados centros médicos luchan por atender a más de 900 heridos.
La angustia colectiva se concentra especialmente en las zonas urbanas de Pereira, Cali, Quibdó y Manizales. En estas capitales, las brigadas de rescate escarban entre montañas de concreto y hierros retorcidos buscando a los más de 2.000 desaparecidos que reporta la tragedia.
Un evento geológico, tres formas de medir el tiempo
En medio de la incertidumbre, una pregunta se repite constantemente entre los damnificados: “¿cuánto duró realmente el temblor?“. A pesar de los reportes oficiales, la respuesta no es uniforme para todos los habitantes.
La duración de un temblor se mide desde tres perspectivas diferentes: la percepción humana, el registro de los instrumentos y el movimiento en la fuente sísmica.
Las estaciones de monitoreo más cercanas al epicentro en el departamento del Chocó registraron un movimiento telúrico continuo que se extendió entre 90 segundos y dos minutos. Los sismómetros, que son equipos de altísima precisión, captan movimientos microscópicos en el terreno, prolongando el registro mucho después de que los edificios dejan de vibrar a simple vista. De hecho, diariamente en Colombia ocurren sismos menores que solo estos sofisticados aparatos logran detectar.
El segundo componente técnico es la duración en la fuente. Los expertos detallan que esta variable corresponde al tiempo cronológico y real que tarda la falla geológica en fracturarse de manera interna en las profundidades de la Tierra.
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La “gelatina” bajo los pies: por qué no todos sintieron lo mismo
Finalmente, entra en juego la percepción humana, un factor donde el tiempo transcurre según lo que dicta la mente frente al peligro. Esta experiencia cambia de forma drástica dependiendo directamente de la ubicación exacta y el entorno inmediato de cada ciudadano.
La intensidad y cantidad de segundos que una persona siente el sacudón obedece a una combinación de elementos físicos y geográficos. El primero de ellos es la distancia al hipocentro: cuanto más cerca se encuentre alguien del punto profundo donde comenzó la ruptura, más directo e intenso será el impacto percibido en la superficie.
La arquitectura también dictó sentencias. La altura y la estructura del lugar donde se resguardaba la persona pudieron actuar como un escudo para amortiguar la sacudida, o bien, como un trampolín para amplificar dramáticamente el movimiento.
Sin embargo, el tipo de suelo se posicionó como uno de los factores más determinantes de la jornada. Las zonas asentadas sobre terrenos de roca rígida lograron absorber la energía y reducir la vibración. Por el contrario, los suelos blandos o arcillosos actuaron como una inmensa gelatina, amplificando las ondas sísmicas y provocando que el movimiento se sintiera con una fuerza letal y por mucho más tiempo.
El letargo y el pánico del lunes dejaron una lección innegable sobre la fragilidad humana ante la naturaleza.




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