
Tras cinco días de angustiosa búsqueda iniciada por su hijo, la señal de un celular guio a las autoridades hasta el barrio Santa Isabel. La Fiscalía investiga un posible móvil pasional detrás del atroz crimen en Risaralda.
¿Quién es la mujer hallada muerta en una zanja de Dosquebradas y cuándo desapareció?
El cuerpo hallado el 30 de julio en el barrio Santa Isabel de Dosquebradas, Risaralda, corresponde a Nelly Adriana Ortiz Torres, de 42 años, quien había sido reportada como desaparecida por su hijo el pasado 26 de julio. El hallazgo ocurrió en una zanja de una zona boscosa en la carrera 10 con calle 28, luego de que la Policía Nacional y el CTI de la Fiscalía rastrearan la última señal de su teléfono celular a escasos 400 metros del lugar del crimen.
El angustioso llamado de un hijo y la activación nacional
Todo comenzó el pasado 26 de julio. La rutina de una familia risaraldense se fracturó de tajo cuando Nelly Adriana no cruzó la puerta de regreso a casa. Al notar la ausencia prolongada e inusual, su hijo acudió desesperado a las autoridades para encender las alarmas y pedir auxilio.
El reporte activó de inmediato el protocolo de búsqueda conocido como Alerta Rosa. Las fotografías de la mujer de 42 años inundaron las redes sociales y las calles del municipio, mientras sus seres queridos aguardaban por un milagro que, con el paso de los días, se volvía cada vez más difuso.
Una señal satelital en medio del barrio Santa Isabel
Con el tiempo jugando en su contra, las unidades de la Sijín y los expertos tecnológicos del CTI de la Fiscalía centraron sus esfuerzos en la última huella digital que dejó la víctima. El rastreo no buscaba pasos físicos, sino el eco silencioso de su dispositivo móvil.
La georreferenciación arrojó una coordenada escalofriante. La última señal emitida por el teléfono provenía de un sector en el barrio Santa Isabel. Esa pista invisible fue la brújula que guio a los uniformados directamente hacia la carrera 10 con calle 28.
Al peinar minuciosamente el perímetro, a escasos 400 metros del punto exacto que marcó el radar, los investigadores se toparon con una escena desoladora en la zona boscosa.
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El ocultamiento del cadáver y el silencio forense
El descubrimiento del 30 de julio confirmó los peores temores de la comunidad. El cadáver había sido arrojado a una zanja y deliberadamente camuflado por sus verdugos. Esta macabra maniobra de encubrimiento fue el principal factor que retrasó el éxito de las brigadas durante las primeras jornadas de rastreo.
“El cuerpo permanecía oculto dentro de una zanja, junto al cerramiento de una empresa, circunstancia que dificultó su ubicación. El hecho ahora hace parte de las evidencias analizadas para avanzar en el esclarecimiento de lo ocurrido”, detalla el reporte preliminar sobre la compleja inspección técnica del lugar.
La sombra de un móvil pasional en el radar
Mientras los restos reposan en las frías salas de Medicina Legal a la espera de un dictamen que revele las causas exactas del deceso, los investigadores de la Policía Judicial intentan reconstruir minuto a minuto los últimos movimientos de la mujer.
Aunque el sigilo prima en la investigación criminal, ha trascendido que la principal hipótesis que manejan las autoridades apunta hacia un posible móvil pasional. No obstante, las autoridades han sido enfáticas en que el abanico sigue abierto y ninguna línea de investigación será descartada prematuramente.
Hoy, el dolor de un hijo y la consternación de todo un departamento exigen que la zanja de Dosquebradas no se convierta en un monumento al olvido. El agresor dejó un rastro tecnológico y una alteración en la escena del crimen que ahora habla a través de los peritos forenses. El desafío ineludible de la justicia es garantizar que quien intentó sepultar la verdad bajo la tierra termine enfrentando todo el peso de la ley.




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