
Mientras la Universidad Tecnológica de Pereira asegura que sus bases de datos no fueron vulneradas, el sindicato docente exige protección urgente ante lo que consideran una persecución ideológica en plena tensión electoral.
¿Qué pasó con los correos intimidatorios enviados a los profesores de la UTP en Pereira?
El pasado miércoles 10 de junio de 2026, alrededor de 220 docentes de la Universidad Tecnológica de Pereira (UTP) en Risaralda recibieron correos electrónicos con amenazas y estigmatización política desde una cuenta externa vinculada a una campaña presidencial. Mientras la Rectoría anunció denuncias ante la Fiscalía General de la Nación argumentando que no hubo hackeo a sus sistemas, la Asociación Sindical de Profesores Universitarios (ASPU-UTP) exigió medidas de protección inmediatas, rechazando este atentado contra la vida y la libertad de cátedra.
El remitente fantasma y el choque de narrativas
El ataque digital no fue un correo no deseado habitual. El remitente, oculto bajo el nombre de “Salvación Nacional” y utilizando símbolos alusivos a una campaña presidencial en curso, disparó un mensaje masivo que aterrizó en los buzones de profesores sindicalizados, docentes independientes e incluso personal pensionado.
La primera reacción de la administración universitaria fue tratar el incidente desde una óptica eminentemente técnica y de ciberseguridad. A través de un comunicado emitido el 12 de junio, la Rectoría entregó un parte de tranquilidad informática, asegurando que la infraestructura de la institución permanecía intacta.
“Se confirmó que el mensaje provino de una cuenta externa, ajena a los sistemas institucionales, sin que se evidencie acceso indebido ni vulneración de las bases de datos internas”, sentenció el reporte oficial de la Oficina de Gestión de Tecnologías de la Información.
Para la Asociación Sindical de Profesores Universitarios (ASPU-UTP), esta explicación resulta desconcertante y contradictoria. Si el sistema no fue hackeado, los docentes se preguntan cómo un actor político externo logró obtener un directorio institucional tan específico, un tesoro de información de contacto que, paradójicamente, ni siquiera es de dominio público al interior de las facultades.
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Más allá de los servidores: una cacería ideológica
El choque entre la visión administrativa y la realidad en las aulas radica en la dimensión del ataque. Inicialmente, el rumor en los corredores apuntaba a que el hostigamiento iba dirigido exclusivamente a 19 catedráticos del Departamento de Humanidades. Sin embargo, el barrido realizado por el sindicato reveló una operación de amedrentamiento a gran escala.
La cifra real bordea los 220 profesionales de la educación acorralados por el mismo texto amenazante. Para los afectados, reducir este hecho a un simple problema de filtros de spam es ignorar la gravedad de un mensaje que incluye expresiones directas de estigmatización y referencias a la eliminación del pensamiento divergente.
“La universidad debe seguir siendo un espacio para pensar, enseñar, investigar, debatir y disentir. Defender la universidad es defender el pensamiento crítico, la pluralidad, la democracia y la vida”, reclamó enfáticamente la organización sindical mediante un documento público.
El pliego de exigencias para blindar la academia
Frente al miedo latente de que la intimidación virtual salte a la violencia física en las calles de Pereira, los representantes docentes estructuraron un bloque de peticiones urgentes dirigidas a la alta dirección universitaria. Entre sus requerimientos técnicos e institucionales, exigen:
- Reconocer públicamente la magnitud del ataque contra los 220 docentes afectados.
- Informar detalladamente sobre la denuncia interpuesta ante la Fiscalía General de la Nación.
- Establecer una ruta integral de acompañamiento jurídico y psicológico urgente.
- Mantener abiertas todas las hipótesis de investigación sobre la filtración de la base de datos institucional.
La Universidad, por su parte, intentó apaciguar las aguas confirmando que la Oficina Jurídica ya radicará la respectiva denuncia penal. Asimismo, anunciaron la activación de rutas de acompañamiento psicosocial a través de la Vicerrectoría de Responsabilidad Social, buscando cobijar a quienes vieron vulnerada su tranquilidad laboral y personal.
El cruce de correos y comunicados deja una estela de preocupación profunda en la región cafetera. Cuando el debate académico es silenciado por la amenaza anónima y el lenguaje de la eliminación ideológica entra por la fuerza a los servidores universitarios, la educación superior pierde su esencia. El desafío ahora para la justicia y la propia UTP no es solo rastrear una dirección IP, sino garantizar que el miedo no termine dictando la próxima clase.




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