
El gerente de la entidad advierte que el operador no cuenta con los vehículos suficientes para cubrir las rutas de la ciudad. La acumulación prolongada de residuos amenaza con desencadenar una emergencia sanitaria en la capital risaraldense.
¿Por qué hay basura acumulada en las calles de Pereira y quién es el responsable?
La crisis por la acumulación de basuras en Pereira, Risaralda, se debe a presuntas deficiencias operativas y escasez de vehículos de la empresa concesionaria Atesa de Occidente. Según denunció Gustavo Cardona, gerente de Aseo Pereira, el operador ha incumplido sistemáticamente el plan operativo y las frecuencias de recolección en múltiples sectores de la ciudad, obligando a la administración municipal a exigir un plan de choque inmediato para mitigar el riesgo sanitario y ambiental.
Las esquinas de los barrios en la capital risaraldense han comenzado a perder su color habitual bajo cerros de bolsas plásticas, cartones y desechos orgánicos que se descomponen al sol. Lo que debería ser un tránsito normal por los andenes de la ciudad se ha convertido en una carrera de obstáculos para los peatones, quienes deben taparse la nariz y esquivar los lixiviados que manchan el asfalto. La promesa de una ciudad limpia choca de frente con el panorama desolador que hoy ‘adorna’ los espacios públicos.
Una flota insuficiente para una ciudad que crece
El malestar ciudadano, que se ha multiplicado a través de quejas y fotografías en redes sociales, encontró eco en las oficinas de la administración municipal. La lupa de las autoridades está puesta directamente sobre Atesa de Occidente, la empresa que tiene en sus manos el millonario contrato para mantener a raya los desechos de la Perla del Otún.
Los retrasos ya no se pueden ocultar bajo la excusa de un imprevisto temporal. Los seguimientos técnicos revelaron una grieta estructural en la capacidad de respuesta del concesionario: simplemente no hay camiones recolectores suficientes para abarcar la expansión demográfica y comercial del municipio.
“Es importante también tener en cuenta la responsabilidad que tiene el operador Atesa de Occidente, no tiene los vehículos suficientes para cumplir con el plan operativo en la ciudad, lo ha venido demostrando, deja a sectores sin atender y esto es gravísimo para todos, exigimos entonces que se recupere prontamente la operación”, sentenció Gustavo Cardona, gerente de Aseo Pereira.
El límite entre la cultura ciudadana y la falla operativa
Es innegable que una parte de la ecuación recae en el comportamiento de los habitantes. Sacar la basura en los días equivocados o abandonar escombros en los separadores viales agrava un cuadro ya de por sí crítico. Sin embargo, la balanza de la responsabilidad institucional se inclina de forma aplastante hacia quien factura por un servicio que no está llegando a tiempo.
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Los reportes de Aseo Pereira evidencian que las frecuencias de recolección, pactadas contractualmente, se están saltando de manera alarmante en varios sectores. Cuando el camión compactador no pasa a la hora indicada, la indisciplina ciudadana de unos pocos termina afectando a barrios enteros que ven cómo sus andenes se transforman en focos de infección.
Una bomba de tiempo sanitaria en las calles
El impacto de esta parálisis logística va mucho más allá de una mala fotografía urbana. La acumulación prolongada de residuos sólidos atrae vectores, contamina el aire local y genera un ambiente propicio para brotes epidemiológicos, un lujo que la infraestructura de salud pública local no se puede permitir.
Ante la gravedad del panorama, la alcaldía elevó el tono. La supervisión sobre las rutas y los horarios de Atesa pasó de ser un trámite administrativo a un monitoreo milimétrico y permanente. La ciudad exige correctivos inmediatos antes de que la crisis escale a instancias sancionatorias mayores.
El reloj corre en contra del operador privado. Mientras los camiones intentan ponerse al día en una carrera desigual contra las toneladas de basura que produce diariamente Pereira, la paciencia de los ciudadanos y de la administración parece haber llegado a su fecha de caducidad.




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