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El insólito fraude de los ‘TXL’: vendían camionetas de alta gama y luego se las robaban a sus propios clientes

La red habría robado y comercializado ilegalmente por lo menos 30 vehículos bajo esta modalidad de engaño cíclico.

Seis integrantes de esta estructura fueron capturados en Dosquebradas y Montenegro. La red estafó a decenas de víctimas comercializando vehículos adulterados que, gracias a dispositivos de rastreo, volvían a hurtar para revenderlos.

¿Cómo operaba la banda ‘TXL’ dedicada al robo de camionetas en el Eje Cafetero?

La estructura criminal ‘TXL’, desarticulada por la Policía Nacional y la Fiscalía General de la Nación con la captura de seis personas en Dosquebradas (Risaralda) y Montenegro (Quindío), falsificaba documentos notariales para vender camionetas de alta gama robadas. Posteriormente, utilizaban dispositivos GPS ocultos para rastrear los vehículos, hurtarlos nuevamente a sus compradores y revenderlos en el mercado negro, logrando estafar a decenas de víctimas y acumular ganancias ilícitas cercanas a los $5.000 millones.

Aparcar una flamante camioneta de alta gama frente a casa, producto de los ahorros y una negociación de compraventa aparentemente impecable, para descubrir a la mañana siguiente que el vehículo ha desaparecido sin dejar un solo cristal roto en el suelo. Para decenas de ciudadanos en el Eje Cafetero, esta pesadilla no era obra de la casualidad ni de un asalto al azar, sino el eslabón final de una trampa perfecta orquestada por los mismos vendedores que, horas antes, les habían entregado las llaves con una sonrisa.

El negocio redondo: vender, rastrear y volver a robar

El descaro de la organización criminal autodenominada los ‘TXL’ cruzó los límites tradicionales del hurto automotor. Las investigaciones revelaron un modus operandi que funcionaba como un ciclo delictivo inagotable. Primero, la red perfilaba y robaba vehículos lujosos en distintas zonas de la región. Luego, a través de una sofisticada falsificación de documentos notariales, lograban “blanquear” los carros para ofrecerlos a compradores incautos en el mercado de usados.

La verdadera audacia de la banda comenzaba una vez cerrado el trato. Los delincuentes conservaban copias de las llaves, controles remotos de acceso y, de manera estratégica, dejaban instalados dispositivos de rastreo satelital ocultos en la carrocería. Con la ubicación exacta del automotor en su poder, los criminales simplemente esperaban el momento oportuno para ubicar el vehículo, robarlo nuevamente de las manos de su propio cliente y prepararlo para una nueva venta fraudulenta.

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Un golpe simultáneo en Quindío y Risaralda

La impunidad de este carrusel de estafas llegó a su fin cuando los equipos tácticos de la Fiscalía y la Policía Nacional desplegaron un operativo simultáneo en el corazón del Eje Cafetero. Las diligencias de captura se concentraron en los municipios de Dosquebradas (Risaralda) y Montenegro (Quindío), logrando la detención de seis presuntos integrantes clave de la estructura.

Durante los allanamientos, los uniformados desmantelaron el soporte logístico que permitía la clonación y reventa de los automotores. La intervención dejó como resultado la recuperación de 17 camionetas de alta gama, además de la incautación de un robusto inventario técnico que incluía:

  • Llaves maestras y controles de vehículos programables.
  • Dispositivos GPS utilizados para el rastreo ilegal.
  • Inhibidores de señal para bloquear las alarmas y el rastreo de las víctimas.
  • Placas falsas y licencias de tránsito adulteradas.
  • Improntas de chasis modificadas para burlar las inspecciones.
  • Abundante documentación fraudulenta relacionada con compraventas ficticias.

Un imperio criminal tasado en $5.000 millones

El daño patrimonial causado por los ‘TXL’ dimensiona el tamaño de la operación. De acuerdo con el cruce de denuncias y los registros de inteligencia, la red habría robado y comercializado ilegalmente por lo menos 30 vehículos bajo esta modalidad de engaño cíclico. Las matemáticas de la investigación oficial calculan que este circuito de reventas les generó ganancias ilícitas cercanas a los $5.000 millones.

El abanico de delitos por los que tendrán que responder los seis capturados ante un juez de control de garantías evidencia la complejidad de la estructura. A los cargos naturales de estafa, falsedad marcaria y hurto agravado, la Fiscalía sumará la imputación por concierto para delinquir y, sorpresivamente, tráfico de estupefacientes, revelando que el negocio de los motores robados financiaba otras rentas de las economías subterráneas en la región.

El desmantelamiento de los ‘TXL’ deja al descubierto la vulnerabilidad del mercado informal de vehículos usados. Para los compradores de buena fe, el caso se convierte en un crudo recordatorio de que un precio atractivo y un papel notariado ya no son garantías suficientes frente a mafias que hoy combinan la falsificación documental con la tecnología de geolocalización de precisión.

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