
La capital de Risaralda registró la inflación anual más alta del país en abril de 2026, con una variación del 6,76%, superando a Medellín, Manizales y Bucaramanga; comerciantes y familias ajustan hábitos para sobrevivir al alza
¿Por qué Pereira es la ciudad con mayor inflación en Colombia en 2026?
Según el más reciente informe del DANE, Pereira registró en abril de 2026 una inflación anual del 6,76%, la más alta entre las principales ciudades de Colombia, por encima de Armenia (6,56%), Bucaramanga (6,53%), Medellín (6,43%) y Manizales (6,07%). Los sectores que más presionan el alza son restaurantes y hoteles (9,61% de variación) y alimentos y bebidas no alcohólicas (6,71%). Productos como la carne, el huevo, las verduras y el aguacate concentran las quejas de los hogares pereiranos, que han reducido compras y cambiado hábitos para sostener la economía familiar.
Luz Mery Herrera lleva semanas sin comprar carne. No es porque no le guste: es porque el Gobierno dijo que iba a bajar el precio y ella decidió esperar. Mientras tanto, en su mercado de la semana tampoco entra el aguacate: un fruto pequeño, apenas para dos personas, cuesta entre $10.000 y $12.000 en Pereira. “Si compra el aguacate, ¿con qué paga el almuerzo?”, pregunta. La respuesta la conoce de sobra.
Esa ecuación doméstica tiene un nombre técnico: inflación. Y en Pereira, esa palabra pesa más que en cualquier otra ciudad del país.
El primer lugar que nadie quería
El DANE confirmó que la capital de Risaralda cerró abril de 2026 con una variación anual del 6,76%, la cifra más alta entre las grandes ciudades colombianas. No es un primer lugar celebrable: significa que los pereiranos están pagando más por lo mismo que hace un año, y que ese esfuerzo supera al que hacen los habitantes de Medellín, Bogotá, Cali, Bucaramanga y las otras capitales del Eje Cafetero.
Armenia quedó segunda en el escalafón con 6,56%, seguida de Bucaramanga con 6,53%, Medellín con 6,43% y Manizales con 6,07%. El patrón muestra que el centro occidente colombiano está siendo golpeado con particular intensidad, aunque Pereira lidera la presión con margen.
El economista Óscar Jiménez apunta a uno de los factores que más pesan en la canasta de los hogares:
“El consumo fuera del hogar pesa cada vez más en el bolsillo.”
El dato lo respalda: restaurantes y hoteles registraron a nivel nacional una variación del 9,61%, el sector con mayor alza. Para una familia pereirana que salía a comer los fines de semana, ese porcentaje ya cambió el plan.
El pan, el huevo y el arroz: los que más duelen
En el centro de Pereira, la conversación sobre precios es inevitable. Jorge Eliécer Calle, comerciante de la zona, lo resume sin rodeos: “El arroz ha subido mucho. Todo ha tenido alza.”
La situación es especialmente visible en los pequeños negocios de alimentos. John Cardona, administrador de una panadería en la ciudad, lleva meses absorbiendo incrementos en sus materias primas que ya no puede seguir ocultando en el precio final:
“Estábamos comprando un panal de huevos a $13.000 y ya está en $14.000 o $15.000. Y eso que nos lo venden a precio para negocio. En supermercado es más caro todavía.”
Cardona añade que en retail los huevos ya llegan a $17.000 y $18.000, una cifra que obliga a elegir entre subir precios o sacrificar margen. Ninguna de las dos opciones es buena cuando el cliente también está apretado.
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Los que venden en la calle también sienten el peso
El mercado informal no escapa a la presión. Gonzalo Isaza, vendedor en el centro de Pereira, ha convertido la búsqueda de proveedores más baratos en una actividad diaria:
“El tema de la verdura es lo más costoso en este momento. Lo que toca es rebuscar precios de buena calidad y tener buenos proveedores.”
Isaza también observa un cambio de comportamiento en sus clientes: comparan más, compran menos y evitan los productos que consideran prescindibles. Ese ajuste silencioso en los hábitos de consumo es uno de los efectos más profundos de la inflación sostenida: no se ve en un titular, pero se siente en cada puesto del mercado.
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El predial, los servicios y lo que viene después del mercado
La inflación en Pereira no se detiene en la plaza de mercado. Luz Mery Herrera también carga con el alza en servicios públicos y tributos: “Los servicios están carísimos. Ahora el predial es una cosa horrible.”
Esa combinación —alimentos más caros, servicios públicos más costosos, impuestos al alza— comprime el presupuesto familiar desde varios frentes al mismo tiempo, sin que los ingresos crezcan al mismo ritmo. Es la trampa de la inflación: los precios suben en bloque, pero el salario sube solo una vez al año, si sube.
¿Cuándo cede?
Algunos economistas consideran que el comportamiento inflacionario podría moderarse si se estabilizan los sectores productivos y bajan los costos logísticos. Pero por ahora, las cifras del DANE no muestran señales claras de alivio inmediato para Pereira.
Para sobrevivir a esta ola inflacionaria, los vendedores informales han tenido que rebuscar precios en diferentes plazas de mercado, confirmando que el rubro de las verduras es actualmente de los más costosos.
Mientras las autoridades económicas monitorean la situación, los hogares pereiranos de ingresos medios y bajos no tienen más opción que modificar sus hábitos, reducir drásticamente el entretenimiento y limitar las compras, intentando estirar unos ingresos que ya no crecen al mismo ritmo que los precios.




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